I
No
hay más plazos
para
nuestra lucha,
acecha
a los deseos de la eternidad,
la
que nunca se ha alcanzado…
Soy
incapaz de seguirlo soportando.
El
mundo consternado se revuelca,
cuanto
más cruel es la mirada desdeñada,
acechando
para alcanzar su luz.
II
He
muerto ya tantas veces,
libre
ante la nada,
pura
y desdichada,
moldeando
una perfección esquiva.
Escuchando
mi eco día tras día.
Mi
propia eternidad se desvanece
al
ver su reflejo vacío…
III
Cada
gesto es un insulto,
cada
segundo agonizante,
me
condena a morir a su lado,
La
esencia eterna me reclama,
a
esta ignorante que ha preguntado.
El
llamado derramado solo susurra…
IV
Desearía
estrechar al alma y contemplar,
los
espacios siderales una vez más.
Te
he dejado partir,
la
mitad de mi corazón antiguo
¡perdido
en el universo!
V
Por
siempre la muerte arde,
las
ideas preconcebidas se desvanecen
no
hay deseos en más allá de lo creado.
Pero
aún recuerdo lo que pensé:
Su
voz fría y misteriosa,
como
un llamado errático y penetrante,
inmenso
y abrumador


