domingo, 22 de noviembre de 2015

Desdichado

Mi alma afanada por resguardar esos lazos,
profundo, doliente,
cuando acaso no quedaba corazón.

Me preguntaba a menudo como Dios presentaría

pequeños retazos de su obra,
en cada instante pleno,
dentro de cualquier locura.

Lejos de refinar el desvelo mi virtud,

robó la chispa de su creación,
ese ser, no, ojalá delirante fuere,
frío, muerto, asfixiante.











Vibrando en la ilusión,
temida,
atiborro imaginación,
desprecio,
amor danzante,
deseos infernales,
lecho de muerte para ir a dar,
¿cómo es que la noche
te ha ofrendado sus labios?
¿cómo que has quemado,
su elevada belleza?

tú, mártir, de voces y males.


Como es que tú muerte 
y más no valen,
no tienes nada dentro de tus manos roídas,
longitud de cielo, 
tierras, mares,
y ejércitos celestiales,
ni gesto, ni canción,
ni lucha ni obra,
más nada que el dolor te avale.

Este mundo absurdo te desprecia,
no entiendo por qué estas manos decidieron tocarte,
aunque extrañaba la delicia de esta majadería,
los recuerdos de noches insolentes,
los oscuros vicios tejidos en mi memoria,
donde queda la huella que jamás se borra.

Aunque mil actos piadosos presentes,
lo marcado es recordado.
Disfruta cuando te sientes a esperar,
disfruta del deseo por alcanzarme,
porque jamás de mi alma desenvuelta
tendrás amor, placer ni suerte.

Tuerce tus manos, ruega aprisionarte,
aunque eres libre de verdad,
el dolor verdadero que toca a las almas,
condenan en la eternidad,
hasta mirar agonizante un último destello,
veo tus ojos entelados, 
por dolor afanado,
de nuestra pasión y muerte.